Desde agosto de 2025, El Salvador abre una nueva etapa para atraer capitales internacionales con la entrada en vigor del Decreto No. 373, que establece un Régimen Especial para Inversiones de Alto Valor. Se trata de una apuesta sin precedentes que busca posicionar al país como un polo regional de negocios de gran escala.
¿Quiénes pueden acceder?
El régimen está dirigido a inversionistas —personas jurídicas extranjeras, uniones de personas o salvadoreños en el exterior— que trasladen o establezcan en el país recursos iguales o mayores a USD 2,000 millones. Estos capitales pueden materializarse en diferentes formas: aportes de capital, bienes inmuebles, plantas industriales, créditos financieros, propiedad intelectual o reconversión de actividades productivas.
Beneficios fiscales excepcionales:
– Exención total del Impuesto sobre la Renta (ISR) sobre utilidades, dividendos, rentas y ganancias de capital.
– Eliminación de retenciones en la fuente del ISR.
– Exención en transferencia de bienes raíces vinculados a la inversión.
– Exoneración de impuestos municipales sobre el activo neto declarado.
– Exención de aranceles e impuestos de importación de maquinaria, insumos y equipos.
Requisitos y advertencias:
Para acceder a los beneficios, los inversionistas deben registrarse en el Ministerio de Economía y en la Administración Tributaria, además de notificar operaciones a la Dirección General de Impuestos Internos dentro de los primeros 30 días. Cualquier cambio en socios o datos debe reportarse en un máximo de 10 días.
El incumplimiento puede generar la revocación de beneficios y la liquidación retroactiva de tributos, de acuerdo con el Código Tributario.
El Salvador busca atraer proyectos de gran escala con este régimen, ofreciendo beneficios fiscales que superan los de muchos países vecinos. Sin embargo, la iniciativa plantea interrogantes: ¿logrará el país generar confianza suficiente para captar capitales de esa magnitud?, ¿cómo equilibrará la atracción de inversión con la sostenibilidad fiscal a largo plazo?
Más que un simple incentivo, el decreto es una declaración de intenciones: El Salvador quiere competir en la liga mayor de las inversiones globales. Para los empresarios, se abre una ventana de oportunidades, siempre y cuando se cumpla con la formalidad, transparencia y control que el régimen exige.
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